De todas las formas de gobierno la que menos “defectos”
presenta es la democracia.
Desde que los griegos dieron con el sistema de gobierno,
aunque rengo y excluyendo a algunos colectivos, fue el más equilibrado, no por eso es justo, pero da chances,
oportunidades al menos a los más desfavorecidos de que se les tenga en cuenta.
El otro sistema que se conoce y que es
sinónimo de injusticia es la dictadura, o gobierno de facto, de hecho y no de derecho.
Las dictaduras de izquierda o derecha, o llamados regímenes totalitarios, se ubican al frente de la democracia, en la otra vereda, enfrentadas.
Sus defensores, esconden sus bajas intenciones, en supuestas posiciones democráticas, como ser asambleas
populares, constituyentes o juntas cívico militares.
Bajo esa parodia, generalmente con la anuencia y
aprobación de algunos, estos sistemas de gobierno se prolongan durante años,
décadas, incluso algunas pintan para no desaparecer.
Estas dictaduras pueden ser militares, civiles,
religiosas, hay un sinfín de maneras, generalmente abiertas a el gran capital
transnacional y a los mercados, beneficiando a una elite y perjudicando al
resto de la sociedad. Cuando no se dejan encandilar por los beneficios de ser
aliados de las grandes plutocracias
mundiales y las multinacionales, se les derroca, siempre por medio de la violencia, jamás por la vía democrática y en nombre de ella se actúa, aunque generalmente, no se vive jamás
en un régimen democrático, solo en medio de caos y rencillas internas, cuando no
en guerras civiles que terminan en otra dictadura, esta más aceptada por las potencias
capitalistas.
Además, muchas veces son apoyadas, financiadas y reconocidas por el imperio económico, sin que se les repudie en ningún ámbito internacional, también es cierto, que cuando al imperio se le antoja derrocarlas, se les derroca, siempre en nombre de una democracia, ambigua, prostituida y entrega al capital transnacional.
Además, muchas veces son apoyadas, financiadas y reconocidas por el imperio económico, sin que se les repudie en ningún ámbito internacional, también es cierto, que cuando al imperio se le antoja derrocarlas, se les derroca, siempre en nombre de una democracia, ambigua, prostituida y entrega al capital transnacional.
En los años 80 del siglo pasado un conocido dictador y
genocida, llegó a llamar a su gobierno, una “dictablanda”. Los miles de muertos,
torturados y desaparecidos, durante su gobierno y sus familiares , no piensan igual.
Pero a que voy con esto, que la democracia con todas sus
imperfecciones, es el sistema medianamente más justo, aunque no sea quizás la
verdadera forma de gobierno actual.
Al menos nos da la oportunidad de alzar nuestra voz de disconformidad y buscar alternativas.
Al menos nos da la oportunidad de alzar nuestra voz de disconformidad y buscar alternativas.
Si nos ceñimos a la traducción de la palabra, el poder o
el gobierno no está en el pueblo, sus representantes, rara vez se sientes
presionados por lo que sus pueblos necesitan o reclaman, por lo general, usan
este sistema, para “blanquear” otro tipo de dictadura, la de la oligarquía financiera
y el capital, la cual no tiene sistema de gobierno alguno que le satisfaga,
salvo aquel que le permite ganar más y más, explotando más y más.
Ahora bien, en la democracia, el verdadero hacedor de
ella es el pueblo y en el poder de su voto está que las cosas sean diferentes,
ya sea votando con la conciencia y la razón o con el interés y el beneficio
propio.
Es entendible que un votante, piense en quién le puede
dar algún beneficio, aunque sea a costa del resto de sus conciudadanos, no es respetable
pero se puede entender dada la naturaleza egoísta del ser humano, es también
compresible que un grupo piense en el bien común sin excluir a nadie, aunque esos son
los que más me gustan, son los menos por desgracia.
Pero, aún así, el sistema nos permite elegir al candidato
o candidata, que nos resulte más fiable y afín con nuestra filosofía política, pero
lo increíble es que cada vez que hay elecciones, un porcentaje muy importante
no vota, se abstiene bajo el tibio y cobarde argumento, de que nada cambiará, por más que se vote.
Bajo viejas muletillas de que son todos iguales o todos los
políticos son unos corruptos, dejan de realizar el acto más importante que tienen
delante a nivel social, participar y decidir.
Por eso no puedo entender que algunos decidan no aprovechar el único instante en que junto a otroa, pueden ser escuchados, por eso me pregunto, ¿ que ganan con no votar o mirar a otro lado?, nada.
Por eso no puedo entender que algunos decidan no aprovechar el único instante en que junto a otroa, pueden ser escuchados, por eso me pregunto, ¿ que ganan con no votar o mirar a otro lado?, nada.
Esta nueva forma de democracia defectuosa o dictadura
encubierta, logra que algunos dejen de luchar por medio del voto y buscar un
cambio a esta situación, cualquier reclamo de justicia social es presentado como reclamos de radicales inconformistas que quieren destruir la democracia, y
en realidad es al revés, la democracia la destruyen los que inspiran estas teorías.
Los medios de prensa, los articulistas, los voceros y
defensores de este tipo de sociedad injusta, ellos son los verdaderos radicales.
Para ello usan argumentos variados y se amparan en normas
éticas que la gran mayoría no cumple, haciendo gala de una hipocresía propia de
quién quiere detentar el poder por siempre.
Por todo esto me asombro que en estas elecciones
autonómicas en Asturias, se hable que el porcentaje de votantes estará por
debajo del 60%, realmente increíble.
Con esa actitud, más que demostrar disconformidad, lo que
demuestran es conformidad y si alguno piensa que no es así, a los que detentan el
poder poco les importa.
Ríen mientras celebran como se queda en casa el pueblo.
Ríen mientras celebran como se queda en casa el pueblo.
La realidad es, que es la movilización la que trae cambios, la apatía y el
conformismo solo crea un ambiente más próspero para la oligarquía y el poder económico
actual.
Sin duda, esta actitud de entrega moral por parte de un
sector importante de votantes, les dará las alas y el convencimiento de que aún
con las cartas vistas, el pueblo se muestra derrotado de ante mano.
Hay que cambiar la mentalidad, hay que ver lo que pasa
alrededor y solo de esta manera poder cambiar nuestro destino.
Intentemos convencer a uno, solo uno de que es imperioso el ir a votar, con eso habremos logrado bajar ese margen de abstención.
Intentemos convencer a uno, solo uno de que es imperioso el ir a votar, con eso habremos logrado bajar ese margen de abstención.
Ya que, esto va mal, che.