Esto está mal, che, hace unos días, cobró notoriedad las manifestaciones y las protestas de
unos estudiantes valencianos reclamando un poco de calor en sus aulas.
Se escucharon voces de todos lados, que si eran “enemigos”, que si eran
“delincuentes”, que si tenían permiso o no para manifestarse y en este punto
quiero detenerme.
Es simpático imaginarnos en que se deba pedir permiso para
manifestarse, se está haciendo famoso el hecho de comunicarse por redes
sociales y en un lugar determinado un grupo de personas a determinada hora se
mandan un bailecito de lo más lindo a son de un música pegadiza, es todo un
acontecimiento que la prensa difunde por TV e inunda las redes sociales y esos
espacios en que se graban videos y se descargan para regocijo de algunos viendo
como se patea un gato, de apalea un perro o se golpea aun chico o una chica
entre, nada más, que 6 u 8 adolescentes.
Eso no es castigado ni por el código civil ni penal, es simpático ver a
100 individuos bailando con frenesí al ritmo de regetón, pero 100 chicos
sentados en la calle para llamar la atención a problemas muy serios, eso se
castiga hasta con la expulsión del infierno, ni el mismo Lucifer puede soportar
tamaña manifestación.
Pero dejando la sorna de lado, a mi me parece llamativo, que una vez
organizada, iniciada y consumada la manifestación de protesta, no se tomen las
providencias del caso.
Es obvio, que muchos de esos chicos, no tienen experiencia en esas
lides, se manifiestan por una pasión juvenil, que se repite desde hace décadas,
cada tanto, una generación de jóvenes enciende su rabia y protesta, lo increíble es que las
generaciones anteriores, que vivieron actos similares, que cometieron errores y que recibieron golpes similares, no
actúe, no participe ni forme a esos chicos.
Alguno pensará que quiero decir que se les instruya en como fabricar
elementos de agresión o de defensa, no, en algo simplemente importante y al
alcance de las manos de esos chicos y de mucha gente, la SEGURIDAD.
Esos grupos de chicos enardecidos, son fácilmente infiltrados, y solo
falta la primera piedra para que la reacción se abalance como mastines a
repartir golpes y más golpes.
Por eso antes de comenzar una marcha o una manifestación o una reunión,
se debe ría poner en marcha un sistema de seguridad, un grupo activo de
personas que se dediquen a observar, a informar y a retirar de la marcha o
reunión a cualquier enardecido de más o
no identificado con el acto en cuestión.
Quizás en una convocatoria de decenas de miles de personas sea difícil
individualizar a esos infiltrados, pero en casos como las manifestaciones de
Valencia, es más sencillo llevarlo a cabo.
No es ilusorio pensar que se pueden crear grupos de chicos que filmen
toda la marcha para identificar a posibles agitadores, no es ilusorio imaginar
que se pueda crear un grupo o cordón que separe en tandas a los manifestantes,
para crear grupos más fáciles de controlar.
Pero eso, debe nacer del seno de la propia izquierda, es la izquierda
la que debe participar formando esos cuadros totalmente pacíficos, e
involucrarse, porque esos chicos, son los que luego dicen que los políticos son
todos iguales y llegan a desmarcarse y no querer votar, como si el no votar
perjudicara al poder establecido.
La izquierda debe ser tal y acompañar todas esas causas que surgen espontáneas, por gente cansada de cargar con cada crisis y de pagarlas, como si el carnaval de derroche y la bacanal de millones de euros robados, fueran por ellos, por los trabajadores, por los asalariados o los estudiantes.
La izquierda debe dejar de tener miedo, no digo que se instruya para la rebelión armada, sino para una defensa civilizada y pacífica, la izquierda debe de dar la cara, ser honesta y valiente, apoyando a a las masas con las banderas que hace medio siglo enarbolaron otros obreros y estudiantes, sin recurrir a la agresión, porque ahí sabemos quien gana.
Alguien debe tomar acción y utilizar esos medios que tan bien, utiliza
la reacción para demostrar donde se genera la violencia realmente y donde está
el “enemigo”, y por desgracia no está de azul, con casco y porra, está de
camisa y corbata detrás de un escritorio o en una banca en el parlamento,
viendo como reducir los salarios públicos, incluido el de los “unineuronales” que apalean a
chicos desarmados, haciendo el trabajo sucio, en nombre de la ley, el orden y la
democracia.
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